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Calorías. ¿Contamos calorías o alimentos?

Efecto rebote.

La energía contenida en los enlaces químicos de lo que comemos puede desaparecer de nuestro cuerpo en forma de calor, puede ser empleada para generar el ATP que nuestras células necesitan para realizar sus funciones (ver) o puede acabar formando parte de la energía almacenada en el cuerpo, en cualquier tejido u órgano.

Se suele decir que “la energía no puede desaparecer sin más”, pero eso es correcto en el universo en su conjunto y “sin más” debe interpretarse como que no puede desaparecer “sin transformarse en otra forma de energía”.

La energía contenida en la comida puede desaparecer sin más de nuestro cuerpo en forma de calor.

En la imagen he representado los términos de los que estamos hablando:

Nótese que he resaltado dos términos en rojo en la imagen anterior.

La hipótesis CICO (o Teoría del balance energético) lo que propone es que se puede controlar nuestra grasa corporal manejando las calorías contenidas en la comida.

Es decir, esa hipótesis propone que alterando el término (en rojo) “ingesta calórica” podemos controlar el término (en rojo) “tejido adiposo”. Pero como vemos en la imagen anterior, esa idea no se deduce de la ecuación del balance energético: las alteraciones en el término “ingesta calórica” no tienen por qué repercutir en el término “tejido adiposo”.

Quizá sí, pero quizá no.

Esas variaciones podrían ser absorbidas por otros términos de la ecuación: por ejemplo, un aumento de la ingesta energética podría ser disipado como un poco más de calor, sin alterar lo más mínimo el tejido adiposo (ver).

Lo importante es que esa relación causa-efecto no es algo que se deduzca de la ecuación del balance energético. A lo mejor son otras propiedades de la comida las que tienen influencia en el tejido adiposo, como por ejemplo la forma en que cada comida altera nuestro medio hormonal. Y las variaciones en el tejido adiposo también pueden depender de nuestro estado fisiológico, de cuánto hemos dormido, de situaciones de estrés, etc. Nada en la ecuación anterior dice que eso no sea posible. Pero la hipótesis CICO no lo permite.

Si la utilidad de hablar de calorías no se deduce de la Primera Ley de la Termodinámica, ¿cómo es posible entonces que estemos tratando de controlar nuestro peso corporal hablando de calorías?

La explicación es que mediante falacias, juegos de palabras y premisas sin fundamentose ha convertido fraudulentamente la ecuación que acabamos de ver en una ecuación útil para gestionar nuestro peso corporal. Aparentemente útil. O dicho de forma más clara, la hipótesis CICO, lejos de ser la Primera Ley de la Termodinámica misma, está basada en múltiples trampas y errores.

Represento las trampas de la hipótesis CICO en el siguiente esquema, y detallo esas trampas una a una bajo el mismo:

Vamos allá con el detalle de las trampas:

La hipótesis CICO sólo permite cambios en la energía acumulada en el tejido adiposo

La Primera Ley de la Termodinámica aplicada con los límites físicos del cuerpo humano DEBE considerar SIEMPRE toda la energía acumulada en el cuerpo, en cualquiera de sus formatos (ver). Igual de inadmisible es considerar que sólo puede cambiar la energía acumulada en el tejido adiposo que lo sería considerar que sólo puede cambiar la energía acumulada en el tejido muscular o en un tumor (ver,ver,ver).

La trampa es hacer desaparecer el término representado más a la derecha en la imagen anterior. Considerar que sólo la energía acumulada en un tejido, el adiposo, puede cambiar, es algo que únicamente se hace en el caso de la obesidad. No hacemos lo mismo con ningún otro órgano/tejido (ver).

La hipótesis CICO crea sensación de utilidad incluyendo el gasto energético, un resultado, entre las premisas

El gasto energético total del cuerpo no está bajo nuestro control. No podemos alterarlo a voluntad. Podemos hacer ejercicio físico, con la esperanza de aumentar nuestro gasto energético, pero éste último es un resultado.

La hipótesis CICO se basa en incluir el gasto energético entre las premisas de los planteamientos. De esa forma se hace parecer que dos de los términos de la ecuación anterior están bajo nuestro control, y no sólo uno, que es la realidad (ver,ver).

Si consumes 2500 kcal y gastas 2300 kcal vas a engordar.

Si no comes menos de lo que gastas es imposible adelgazar.

El peso corporal viene determinado por la diferencia entre la ingesta energética y el gasto energético.

En las afirmaciones anteriores se está considerando que el gasto energético es una entrada del sistema energético del que estamos hablando. No se trata el gasto energético como un resultado del experimento, sino como un dato ya establecido.

Gracias a esta falacia de petitio principii se crea una falsa causalidad y una falsa sensación de utilidad (ver,ver).

La hipótesis CICO se basa en la falacia de ambigüedad, empleando dos definiciones de exceso calórico y déficit calórico

Me centro, por ejemplo en “déficit calórico”. La hipótesis CICO maneja dos definiciones de este término (ver,ver,ver,ver):

  1. Consumir menos energía de la que se gasta
  2. Comer “menos de lo normal”

Se nos dice que para adelgazar hay que crear un “déficit calórico” o que no se puede adelgazar sin crear un “déficit calórico”. ¿Qué definición se está empleando en estas dos afirmaciones? Si la definición es la primera, las frases son falaces, pues al incluir un resultado en la premisa estaríamos cometiendo una falacia de petitio principii. Esa definición transmite una falaz sensación de utilidad. 

Y la segunda definición no es garantía de que con un “déficit calórico” vayamos a perder peso. Pero ese “déficit calórico” sí es alcanzable a voluntad. La hipótesis CICO juega con ambas definiciones para hacer creer que “comer menos” (la segunda definición, la controlable) es la solución obvia para perder peso (la primera definición, la falsamente útil).

— ¿Está diciendo Ud. que se puede perder peso sin un déficit calórico?

— Depende. Dígame qué entiende Ud. por “déficit calórico”.

— Lo que quiero decir es perder peso sin reducir la ingesta energética por debajo de lo normal.

— Con esa definición, sí se puede.

La hipótesis CICO se basa en la injustificada premisa de que el tejido adiposo es pasivo

La hipótesis CICO no permite que el tejido adiposo varíe por sí mismo (ver,ver). Es una premisa oculta e injustificada.

El balance calorías ingeridas – calorías gastadas determina el peso

En la afirmación anterior las “matemáticas” no son erróneas, pero el comportamiento del cuerpo que está implícito carece de fundamento: la hipótesis CICO sólo permite complejidad y variación por sí mismos en dos términos del balance energético: ingesta energética y gasto energético.

Paradójicamente, la hipótesis CICO no permite que el término de interés, la acumulación de energía en el tejido adiposo, tenga variaciones por sí mismo, en respuesta a los estímulos fisiológicos/hormonales. Desde el momento en que se considera que el tejido adiposo sí puede tomar la iniciativa de almacenar/liberar triglicéridos, ya no es, lógicamente, el “balance energético” (CI-CO) lo que determina sus variaciones. Una vez destapada esta trampa de la hipótesis CICO, la utilidad de esta hipótesis se va a tierra.

Nótese que para la hipótesis CICO las hormonas sólo existen cuando afectan a dos de los términos de la ecuación del balance energético. No existen cuando de la acumulación de triglicéridos en el tejido adiposo se trata. No nos dejemos engañar por los que dicen que la hipótesis CICO es correcta, pero es muy compleja: la hipótesis CICO es errónea y esa complejidad sólo se permite en dos de los tres términos de la ecuación del balance de energía.

Reitero que es una premisa injustificada de esta pseudocientífica hipótesis.

Una situación extrema no es la situación de interés

Otra forma de tratar de deducir utilidad de la ecuación del balance energético es plantear situaciones extremas, como por ejemplo:

O sea que da igual si te comes 2 filetes o 20 en la comida, que engordas lo mismo (cero engorde según algunos).

El argumento es de bajísimo nivel: a) se plantea una situación extrema diferente de la situación de interés, b) se asume porque sí que el resultado es atribuible a las calorías y c) se pretende deducir de este planteamiento que hay razones para hablar de calorías en una situación normal, no extrema.

En el primero de los esquemas que hemos visto, la desconexión entre lo que controlamos (ingesta energética) y lo que queremos controlar (acumulación de grasa en el tejido adiposo) es total. El argumento de la situación extrema lo que pretende es plantear una hipotética situación en la que sea obvio que alterar un término va a afectar al otro. Al ser extrema damos por supuesto que va a haber efecto.

Causa y efecto: crean una ilusión de causalidad donde la causa son las calorías.

Pero ni demuestran que el resultado pueda ser atribuido a las calorías —de hecho, podrían hacer el planteamiento hablando de gramos, con la misma falta de rigor (ver)— ni esa situación extrema tiene nada que ver con la situación de interés.

Supongamos el siguiente caso hipotético: dos hermanos gemelos idénticos que consumen exactamente los mismos productos alimentarios. Uno consume 2500 kcal/d y el otro 2600 kcal/d. Una diferencia sostenida día tras día de 100 kcal. ¿Cuál de los dos va a tener más grasa corporal al cabo de 15 años? ¿Tú lo sabes? Yo no. Ahora les cambiamos la dieta y consumen ambos 2500 kcal/d, pero uno sigue la dieta de las harinas y el otro sigue una dieta paleo. ¿Cuál de los dos va a tener más grasa corporal al cabo de 15 años? ¿Tú lo sabes? Yo no.

Argumentar que no es lo mismo consumir 0.5 kg de comida al día que consumir 5 kg, ¿nos da respuestas a las preguntas anteriores? ¿Demuestran esas situaciones extremas la utilidad de la hipótesis CICO?

¿Son importantes las trampas?

La respuesta lógica a esta pregunta es que si las trampas no son importantes, ¿por qué las hacen? ¡¡Pues claro que son importantes!! Sin trampas y falacias la hipótesis CICO no puede existir.

Si hacemos las mismas trampas que hemos visto que hace la hipótesis CICO con el tejido adiposo y las aplicamos al crecimiento de un tumor, llegaremos a las siguientes conclusiones (ver):

  • La causa obvia del crecimiento de un tumor es un “superávit calórico“. Si no comes por encima de tus necesidades energéticas, el tumor no puede crecer.
  • La solución obvia para detener el crecimiento de un tumor es establecer un “déficit calórico“, es decir, reducir la ingesta energética por debajo del gasto energético. Si no funciona cabe pensar que el cliente no está siguiendo las instrucciones. ¡¡Come más de lo que dice!!

Si alguien cree que las afirmaciones anteriores son incorrectas —obviamente lo son—, pero cree que hay razones para hablar de calorías cuando del tejido adiposo se trata, tiene muy complicado conciliar su diferente planteamiento para ambos casos.

¿Por qué no tratamos el crecimiento de un tumor con la hipótesis CICO? ¿Es que en ese caso no se cumplen las leyes de la física? La razón es que la hipótesis CICO es la estupidez pura, procesada y libre de cualquier tipo de impurezas.

¿Es relevante que la hipótesis CICO sea pseudocientífica?

La hipótesis CICO es la teoría oficial de por qué engordamos y qué tenemos que hacer para adelgazar:

Si nosotros engordamos es porque comemos más de la cuenta

Adelgazar requiere una disciplina, ingerir menos calorías, y hacer más deporte. Y no hay más.

¿Es importante que estemos tratando de prevenir y de tratar la obesidad con una hipótesis errónea, confundiéndola con una ley inviolable de la física? ¿Hace falta contestar a esto, a la vista de lo bien que nos va?

Nos han sumergido en la cultura de la cantidad: no importa tanto qué comes, sino no pasarse. Y esto nos permite consumir helados, cerveza, pizza y cualquier cosa que nos apetezca. Es perfecto para la industria alimentaria y es lo que queremos escuchar cuando acudimos, gordos como bolas, a un “profesional” para que nos ayude a perder peso. Pero no funciona en la vida real ni ha funcionando NUNCA en los experimentos científicos (ver,ver). La respuesta de los “expertos” es disculpar que no sigamos el método, porque hace falta mucha fuerza de voluntad para vencer a las tentaciones. Y van a seguir mirando a otro lado mientras les permitamos vivir de un tratamiento pseudocientífico

Fuente: www.novuelvoaengordar.com

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